Como las llama un pequeño amigo que por su estatura y diminutez debería llamar amiguito.
Somos pobres insectos que amenazados por la raza humana huimos de los atropellos, solo vernos ponemos los pelos de punta y arrancamos desgarrantes gritos del corazón.
-¿Has sabido de la muerte de nuestra comadre?
-No ¿Qué le ha pasado?
-Ha muerto de arrollamiento.
Hay de todos tipos, las muertes son diversas, son escalofriantes, son mudas, pero igual son muertes, son muy variadas.
Hay la del zapatazo, es una de las mas crueles, dadas principalmente por los niños pequeños con su zapato de baqueta, golpea parejo una vez, levanta el pie y lo deja caer otra, otra y otra vez haciendo a veces hasta inclinación del esfuerzo; es de las mas difíciles de afrontar, pues queda todo fuera de lugar, órganos por todos lados.
La muerte mas elegante es las que mas valor requieren, son matadas con la punta de la zapatilla descubierta, remolidamente, y cuando se oye el ¡cuach! Reacciona una mujer despavorida con el cuero chino.
También existen esas vanidosas cucarachas que piensan en liposucciones y les toca la gracia de morir deportivamente, son perseguidas por un tenis, se apresuran moviendo las antenas, con suerte en la corrida presurosa adelgazaran algunos miligramos, pero luego es atrapada de las patas traseras hasta el frente con la gomosa suela casi casi estallando de presión.
Son las masacres de todos los días, sin pensar en nuestras familias, en los hijos, en la comida que debemos arrimar diariamente a nuestros hogares, y tenemos que aguantarnos nuestras tristezas, cuando vemos que los asquilines se llevan en cada velorio una mas de nuestras parientes, voladoras, minúsculas, o rayadas.
lunes, 11 de mayo de 2009
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