miércoles, 6 de julio de 2011

Alfonso Xavier Zepeda y Huezo.

Es que a veces… en la soledad te encuentra la melancolía.

Solo a veces… en la última lagrima arrancado a pulso

Se encuentra, el alivio, como una flor

Que en su último pétalo marchito… se desangra.

Solo a veces, en el abrazo de la calma quieta

De vez en cuando, vuelvo a ver tu rostro

Que refleja la risa juguetona, tus manos trabajadas

Y te veo ahí, jugando, en la delicada línea de tus pasos.

Y te abrazo, y te beso la frente, y te me vas…

Y vuelas, y tengo solo el suspiro de tu cuerpo terso

Y me quedo, sin poder seguirte, esperando que en un momento

De languidez, regreses aunque sea un poco, aunque sea una mirada de tus ojos claros.

En esa línea, tan delgada, entre tenerte…

O perderte para siempre, en la que solo tú juegas

Y me imagino olerte, besarte, arroparte

Y me imagino perderte, y no encontrarte.

Y menguas, y besas

Y sin verlo, arrancas almas, y te llevas lejos los recuerdos

Y cuando tu ausencia vuelve, y me ahoga

No muero… al ver de nuevo tu rostro.

Y recoges en cada paso que avanzas

Una historia, y te llevas en la tuya parte de mi vida,

Y te vuelves una hoja, que ha caído al mar,

Que al sea arrastrada en la marea, nunca regresara.

Qué triste es desenmarañar cada rincón en que te veo

Y dejarte ir, y no querer guardarte más

Anda, márchate, pero bien lejos

Que me mata poco a poco ver cada pasito.

Y vete, vete lejos y no regreses

Ni siquiera un poco, ni siquiera a mi mente

No quebrantes más este arrepentimiento amargo

De no conocer, más que tu nombre.

Anda, vuelve a formar lágrimas

Que mientras tu preparas la llegada del

Gran final, en la que dices, conocerás a tu señor

Yo guardo las ilusiones de compartir un sueño a tu lado.