Es que a veces… en la soledad te encuentra la melancolía.
Solo a veces… en la última lagrima arrancado a pulso
Se encuentra, el alivio, como una flor
Que en su último pétalo marchito… se desangra.
Solo a veces, en el abrazo de la calma quieta
De vez en cuando, vuelvo a ver tu rostro
Que refleja la risa juguetona, tus manos trabajadas
Y te veo ahí, jugando, en la delicada línea de tus pasos.
Y te abrazo, y te beso la frente, y te me vas…
Y vuelas, y tengo solo el suspiro de tu cuerpo terso
Y me quedo, sin poder seguirte, esperando que en un momento
De languidez, regreses aunque sea un poco, aunque sea una mirada de tus ojos claros.
En esa línea, tan delgada, entre tenerte…
O perderte para siempre, en la que solo tú juegas
Y me imagino olerte, besarte, arroparte
Y me imagino perderte, y no encontrarte.
Y menguas, y besas
Y sin verlo, arrancas almas, y te llevas lejos los recuerdos
Y cuando tu ausencia vuelve, y me ahoga
No muero… al ver de nuevo tu rostro.
Y recoges en cada paso que avanzas
Una historia, y te llevas en la tuya parte de mi vida,
Y te vuelves una hoja, que ha caído al mar,
Que al sea arrastrada en la marea, nunca regresara.
Qué triste es desenmarañar cada rincón en que te veo
Y dejarte ir, y no querer guardarte más
Anda, márchate, pero bien lejos
Que me mata poco a poco ver cada pasito.
Y vete, vete lejos y no regreses
Ni siquiera un poco, ni siquiera a mi mente
No quebrantes más este arrepentimiento amargo
De no conocer, más que tu nombre.
Anda, vuelve a formar lágrimas
Que mientras tu preparas la llegada del
Gran final, en la que dices, conocerás a tu señor
Yo guardo las ilusiones de compartir un sueño a tu lado.