Hace tiempo que empecé a compartir mi vida con una mujercita, solía verla diario en las noches, salíamos a dar un vuelta, reíamos un poco, jugueteamos, alguna vez peleamos, la cargue en mi espalda, me mordió una mano.
Hacíamos lo típico de cualquier persona enamorada.
Después ella estaba tan enamorada de mi como yo de ella, era la mejor pasión que habíamos tenido los dos hay que admitirlo.
Llego el día en que me marche por los estudios, ella mi hablaba de un futuro profesionista, yo solo veía pasar las palabras como cadenitas una tras otra, ella no sentía el dolor que yo tenia de marcharme lejos, o eso creía hasta que me confeso que no podía seguir dándome ánimos, que no podía seguir fingiendo que era feliz sabiendo que me marcharía lejos.
El día llego, nos despedimos, fue un trágico cambio, a la semana todavía me sentía solo, lejos del mundo que era mió. Me dolía el corazón, el alma pesaba demasiado.
Esperaba ese fin de semana que me devolvería su rostro, al fin había llegado, era temprano aun, y ella con su frió y el cabello despeinado esperaba con una sonrisa el ultimo mensaje para correr y verme, para regresarle la felicidad a sus nublados días.
Estuvimos juntos todo el tiempo que nos fue posible, pues sus padres no la dejaban pasar todo el día conmigo.
El día que me marche nuestros llantos regresaron.
Pasaron los días hasta que me acople con mis nueva escuela, diferentes compañeros, con la peripecia de una nueva vida lejos de casa, ya no recordaba las palabras que me dijo de “no puedo seguir fingiendo que me hace feliz que te vayas a estudiar lejos”, poco a poco deje lo cabizbajo hasta que mi frente veía el sol de nuevo.
Le extrañaba de todas formas, pero ya no en la misma medida, salía de la escuela a la casa, de la casa al trabajo, y aunque rara vez se me veía en algún sitio donde pudiera divertirme, su ausencia se iba aminorando cada vez.
No recuerdo cuanto tiempo pasó, tuvimos algunos problemas, y aunque me sucedió lo que todos les suele pasar, reflexione sobre todo el tiempo que perdimos, cuando podríamos haber hecho de cada momento muerto uno más agradable.
Regrese de nuevo, la conversación que tuvimos por el teléfono era entrecortada, sus sollozos silenciosos que apenas se notaba que estaba tirando algunas lagrimas, ese ruidito del teléfono al recibir demasiado aire de la persona, o cuando este esta demasiado pegado a la boca; no dejaban que las frases fueran entendibles, esta vez ella tenia cierto enojo, una apatía dramática, pocas lagrimas, pero reflejaban un dolor inmenso.
Para ser sincero fue demasiado brusca, tenía una voz severa, un odio terrible.
Algo quizás de nervios, de temor, en el fondo yo sabia que estaba triste, pero los otros sentimientos provocaban un caos de confusión.
Nos vimos esa noche, llegue a su casa, salio, no recuerdo su ropa, tenia el pelo suelto, un pelo bruno, profuso, rizado tal vez sin mucho cuidado.
Bajo sus ojos aun cristalizados había unas ojeras más marcadas que las que común mente veía en su cara, no eran de un simple desvelo. Tenia todavía un poco roja la nariz, aparentaba tener puesta una sonrisa una alegría, pero sus manos eran frías, se sentían como hielos penetrares que venían desde su fondo.
Me abrazaba con el interior, era el mas puro abrazo que me había dado, esta vez solo beso mi mejilla, y volvió rápidamente su cabeza dejándola reposar sobre mi hombro.
Se comía sus sollozos a puños, su espalda trepidaba mientras mojaba mi camisa.
La sujete de los hombros, la quite de mi cuerpo, aun no se si fui muy tosco, solo se que la separe de mi y pregunte ¿que te pasa? Hubo una pausa de lágrimas, sus ojos se llenaron de fuego intentado simular la tristeza, me miro tan fuertemente que casi rendía mi mirada, pero no lo hice.
Sostuve mi palabra y no le consolé más.
-No pasa nada- respondió
-se que hay algo ¿Por qué llorabas?
-no lo se.
-dímelo.
Por un momento me invadió el silencio, en el vació se oyó su voz decir:
-¿podemos hablar?
- como me hubiera gustado decir no, o mínimo ignorarla, pues después de tantos días sin verla iba a salir con sus desatinados problemas.
Pregunto por segunda vez volviéndome de mi imaginación:
-¿podemos hablar?
-si, dime que sucede.
Me dijo tantas cosas que me confundían, eran dichas en un tono tan bucólico que no me interesaba demasiado escucharla, pero de vez en cuando subía la voz como para que volviera a ponerle atención y de nuevo la miraba.
Tenia un rostro tan distinto que en momentos me parecía ajena a la persona que deje de amar pero que aun quería de una forma exorbitante.
Le miraba esa palidez, hasta que con una voz de llanto contenido me explico lo que sentía, era ese temor que alguna vez sentimos a perder a la persona que queremos, pero lo de ella era diferente, tenia una ideología única.
Daba con certeza a cada punto que mencionaba, y aunque frecuentaba ser extraño llevaba algo de razón.
Me dijo:
-Sabes es injusto por que no hay otra manera de llamarlo, esto que nos pasa, vienes pocas veces y siempre tenemos alguna discusión o algo que reclamarnos. Eso es lo que mas me cansa, y hay tanta gente que diera todo por ver la situación como a mi se me ha permitido verla. Yo comenzare a llevármela mal en esta relación y tendremos disputas por todo. Después vas a comenzar a pensar que que caso tiene venir a eso, y empezaras de nuevo a ver la existencia desde otro punto, seguro habrá mas personas con las que aparte de compartir mas tiempo aminores las peleas. Y así la dulce sonrisa de una nueva joven te robara la mirada, el sentimiento, hasta mi recuerdo. Y yo sufriré por no cambiar.
Yo permanecía mudo ante esas palabras. Mis labios no hacían repercusión alguna para negar lo que decía y ella seguía hablando de sus miedos, hasta decir de nuevo lo que me hacia permanecer silente.
-Y sabes que es lo peor, que se que si sigo con esta actitud te voy a perder pero no puedo detenerme.
Detuve esas in palabras mías, y proteste:
-tu puedes detenerte
-no puedo hacerlo
-¿explícame por que no?- y ella comenzó de nuevo con esas palabras que revuelven tanto que abecés pienso que no llegan a ningún lado hasta que topan con su verdad con lo que quería decirme.
Con palabras menos impulsivas comenzó a explicarme.- sabes antes de que te fueras a estudiar yo pensé en la posibilidad de lo nuestro, y la única salida disponible era hacerte feliz, ¿pero como si estamos lejos?, entonces había otra que apuntaba diciendo “déjalo ser” pero dejarte ser, era deja que busques la felicidad en otra persona. Estaba tan contenta de saber que podrías poner una sonrisa aun estando lejos, así que decidí seguir la indicación. Si tapaba los recuerdos con líos y problemas, entonces tú verías a alguien mas brillar dentro de ti, y así estaba cumpliendo con la segunda alternativa. Pero algo fallo, pues los problemas vinieron solos, y lo que mas trabajo me cuesta es ver que no tome en cuenta este amor que yo siento hacia ti.
Pero decidí crear una teoría con 2 temas, el del subconsciente activo solo, y el de la programación al subconsciente concientemente, en este programe esa búsqueda de tu felicidad, y por más que intentara borrarlo el subconsciente activo solo, lo había guardado y cuando tú te fueras lejos comenzaría el plan.
Llegado el plazo mi programación del subconsciente conciente empezó a decirme: sabes lo que estas haciendo ¿verdad? Si sigues así lo vas a perder para verlo después con alguien más. Entonces hacían interferencia en la señal los sentimientos y me decían así lo vas a dejar de ver como si nada. Pero el subconsciente activo solo como su nombre lo dice funciona por si mismo, no podía retroceder la acción de dejarte. Y aunque no quiero perderte, los mecanismos siguen así.
Sus palabras volvían a precipitarse, veía como su mente daba vueltas, el pensamiento volaba, ella comenzaba a desprender mucho calor, su piel brillaba, poco a poco se enredaba en sus palabras hasta que eran in entendibles, empezó a sudar, su frente se manchaba.
Paso cerca su madre, vi que hecho un vistazo a la situación y volvió a meterse a su casa. De pronto 3 hombres vestidos de blanco la agarraron y ataron a una camilla, sus ojos se bordeaban de color amarillento, su sudor empapaba la ropa que tenia puesta.
Su madre me refugio en ella, me beso la cabeza, y minutos después salimos en el coche al hospital.
La observe detenidamente un vez más, su cara era casi blanca, resaltada por un pelo mojado y unas remarcadas ojeras. Ella seguía hablando, al comunicarse con su cerebro en voz alta le pedía que la dejara quererme.
Vi a su madre pasar de nuevo, corrí hacia ella, le jale del brazo y le dije: señora ella tiene razón, lo que dice es verdad, su madre apenas y puso una sonrisa, me dijo: esas teorías se las ha explicado a tanta gente. Y se volteo para seguir sus pasos.
Mire una vez más a esa niña que tantas veces había robado algún sueño. Iba en la camilla impulsada por doctores, su mano débil apuntaba hacia mí, mientras que su figura se perdía en el pasillo. Solo sentía el rose de otras camillas y el susurro perdido de todos los doctores, mientras que en el fondo, con lámparas blancas y yo inmóvil veía como se la llevaban.
martes, 1 de abril de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario